
Susurros,conversaciones en secreto y miradas nerviosas eran el plato fuerte del día con mi familia, la cual evitaba a toda costa dirigirme la palabra, quizás para no alterarme, quizás porque en el fondo me temía.
Hasta que una mañana del sábado, mi mamá y mi segunda hermana muy amablemente me invitaron de paseo a Nueva Casarapa, donde vivía mi hermana mayor, lo cual me contentó mucho ya que justamente ese día quería respirar otros aires.
Me senté en la parte de atrás del malibú plateado, para visualizar mejor todo el paisaje de la vía Caracas-Guarenas, la cual en esa época todavía no tenía la cantidad de ranchos de ahora, sino verdes que se conjugaban con un intenso azul, iluminado con abundantes nubes.
Así me distraje un buen rato hasta que me di cuenta de que habíamos pasado la entrada principal de la urbanización, a lo cual pregunté si más adelante había otro acceso a Nueva Casarapa, interrogante que fue contestada con: "Es que ahorita no vamos para allá, sino a la casa de una amiga que te quiere conocer".
¿Una amiga que me quiere conocer? Cuando vi los letreros de la vía, me percaté que estábamos cerca de la urbanización Las Rosas, que se caracteriza por la cantidad de santeros que viven por sus alrededores.
En ese instante, sentí una fuerte presión en el pecho. No podía creer que me habían engañado y que me estaban llevando a un lugar extraño. "Seguro que quieren que te separes de nosotros, seguro desean que vuelvas a tu vida insípida de antes. ¡No lo permitas!, ¡No lo permitas!". ¡Dios, ya no más!, ¡me van a volver loca!, ¡ya no más!, ¡no quiero ir a ese lugar, ni a conocer a nadie!"; pero si ya estamos cerca, controla la histeria. ¡Ya no más!, ¡ya no más!, ¡me duele la cabeza!¡Me va a explotar!...
Una explosión en seco perturbó el ambiente; el carro se descontroló y comenzó a girar una y otra vez, una y otra vez por su mismo eje, hasta que mi hermana logró controlarlo. Cuando el vehículo se estabilizó, Blanca lo que hizo fue mirarme fijamente y de forma sorprendida. Sus sospechas eran ciertas: un caucho de adelante y otro de atrás habían estallado sin ningún tipo de explicación.
Varias personas se acercaron estupefactas, ya que habían detallado los constantes giros del carro. Más adelante se aproximó un muchacho y de forma eufórica expresó: "Si me permiten, en media hora le arreglo el vehículo".
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