
Mi deseo de sentirme invencible se fortalecía con el paso de los días. Casi no comía, no dormía, pero me sentía muy enérgica, especialmente, durante las horas de la noche cuando me dedicaba a escribir, estudiar y fantasear.
Mi computadora se encontraba en el piso de arriba, específicamente en la parte de la sala, donde lo podía divisar todo, desde los cuartos hasta las personas que querían subir a verme.
Muchas veces lo hacían de forma sigilosa, como para encontrarme haciendo algo extraño, ya que eso era para mi familia: un ente fuera de lo común.
Sin embargo, mi capacidad de percepción se había perfeccionado tanto que sin necesidad de escuchar sus pasos, sabía cuando alguien se estaba desplazando por las escaleras que conducen a mi piso sólo por su campo energético.
Aunque, recordándome bien, hubo un día que se salió de la rutina: estaba escribiendo en la computadora cuando sentí que mi hermana estaba cerca de la sala, pero no estaba sola, ya que un ente blanco y frío la acompañana a su lado, mirando todo lo que había a su alrededor como si hubiera sido invitado a mi morada.
En sólo instantes, las animas de mi casa que se mantenían tranquilas hasta la hora de mi sueño comenzaron a salir de todas las habitaciones. "No lo permitas, no lo permitas", me susurraban al oído sin detenerse.
Así que sin moverme de mi silla, sin dejar de mirar la pantalla de la computadora, sólo exclamé: ¡Ni se te ocurra pasar con eso!". A lo que mi hermana replicó: No te preocupes que no es nada malo, es sólo un ritual de limpieza con unas matas de romero.
Sin observarla, sin las ganas de percatarla si quiera, le comenté: "Mi mundo sólo se tranforma si yo lo quiero, si lo permito, y tú y tus creencias no son bienvenidas a mi dimensión".
Fue allí cuando la miré con toda la rabia acumulada en años, la miré con deseos de desaparecerla, con ganas de borrarla de la existencia por el simple atrevimiento de aparecerse con esa brujería a mi casa.
Claro, ella sólo pensaba que era una mata que le había dado una santera para la buena suerte, pero yo veía que traía algo, mejor dicho, a alguien más, que desapareció en el último rincón cuando mis animas la envolvieron en la oscuridad.
Mi hermana no vio nada de eso, sólo mis ojos rojos de ira que la llenó de terror e hizo que bajara las escaleras rápidamente mientras el eco de sus zapatos se confundía con mis carcajadas.
1 comentarios:
Muy terroririca esa historia prima, pero muy bien narrada.
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